La lealtad





En la danza del tiempo, la lealtad se asienta,  
y en cada latido, su esencia se siente.  
Es un pacto sin palabras, un lazo sincero,  
una promesa de estar, en lo dulce y lo amargo.  

La lealtad es un faro que guía en la tormenta,  
es la mano que abraza, la voz que alienta.  
En el silencio profundo, en la risa compartida,  
la lealtad florece, es amor en la vida.  

No se mide en palabras, sino en acciones,  
se construye en los gestos y en las decisiones.  
Es estar presente, ser refugio y hogar,  
ser el ancla firme, en el mar del azar.  

Cuando el viento sopla y la duda asoma,  
la lealtad es el fuego que nunca se toma.  
Es el eco constante de un corazón sincero,  
la fuerza que une, el vínculo verdadero.  

Por eso, sé leal, contigo y con los demás,  
cultiva esa flor que siempre dará paz.  
Porque en un mundo incierto, ser leal es un arte
y en cada lazo fuerte, encontramos nuestra parte.

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