El Arte de Esperar
En el susurro del viento que acaricia el día,
se encuentra el eco suave de la sabiduría.
La vida es un río que fluye sin cesar,
y en cada instante, nos invita a amar.
Hoy es un regalo, un instante divino,
donde los sueños nacen y el corazón se afina.
Aprender a esperar es un arte sutil,
como el brote que asoma, buscando su perfil.
En el jardín del tiempo, cada flor tiene su hora,
no hay prisa en su abrir, ni en su esplendor ahora.
Así somos nosotros, con anhelos y esperanzas,
tejiendo nuestro destino con hilos de confianza.
Cada paso que damos, aunque lento parezca,
es parte del camino que al alma se aderece.
En los momentos de duda, en la sombra del pesar,
hay una luz que nos guía: saber esperar.
Porque en cada latido hay una lección,
en las caídas y risas, se forja la razón.
La vida tiene ritmos que debemos aprender,
a veces hay tormentas, otras calma en el ayer.
Amar es también esperar lo inesperado,
abrir el corazón a lo que viene a nuestro lado.
Las relaciones florecen en la paciencia sincera,
y en los abrazos cálidos que el tiempo espera.
Así en cada ambito—trabajo o amistad—
cultivamos con cuidado lo que ha de germinar.
El presente nos abraza con su manto divino,
y en él encontramos fuerza para seguir nuestro camino.
Así que respira hondo y siente este momento,
la magia del ahora es pura y es un aliento.
Aprender a esperar es confiar en la vida,
en cada paso firme hacia la meta querida.
Dra. Alice Arce Aguilera
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