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Mostrando las entradas de septiembre, 2025

Amor a Primera Vista

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En un instante, el mundo se detuvo tu mirada un faro en la bruma susurrando secretos que el alma sabía un latido profundo una dulce melodía. Tus ojos, dos estrellas brillando sin tregua dibujan en mi pecho una danza ligera.   El tiempo se disuelve. el aire se llena de un fuego sutil que la razón no frena. Un roce de manos un temblor en el aire  un instante eterno un mágico estandarte.   En el murmullo del viento, escucho tu voz,   un eco de sueños un canto atroz. Amor a primera vista un regalo divino,   como un verso perdido que encuentra su destino.   Desde el corazón brota sin miedo a fallar un amor que florece que empieza a brillar.

Marcelino Muñoz un Faro de Empatía y Liderazgo

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En el camino de la vida, brillas con luz sincera,   Doctor Marcelino Muñoz, un alma verdadera.   Tu propósito es claro, tu misión, un legado,   con humildad y empatía, siempre al lado de todos.   Con liderazgo sereno, guías con gran destreza,   inspirando a otros, sembrando la grandeza.   Empresas florecen bajo tu dirección porque con visión y valor, forjas la conexión.   Tu corazón generoso, un faro en la niebla,   transformas cada reto, cada historia que se cierra.   La empatía es tu arma, el respeto, tu escudo,   y en cada paso firme, construyes un futuro para todas las demás generaciones.   Por cada vida tocada, por cada mano extendida,   te agradecemos, maestro, por tu luz encendida.   En el viaje de la vida, contigo queremos andar,   Marcelino Muñoz, un líder que inspira a más. Dra. Alice Arce Aguilera

El Calor de un Encuentro en la Plaza Roja

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El viento helado de Moscú azotaba con furia la Plaza Roja, pintando de blanco los tejados de las iglesias y congelando el aire en cristales efímeros. Sofía, una joven paraguaya de la ciudad universitaria, San Lorenzo, se abrazaba a sí misma dentro de su abrigo, sintiendo el frío penetrar hasta los huesos. Había venido a Moscú con el corazón lleno de sueños y la maleta repleta de esperanza, pero esa tarde, la inmensidad de la plaza y la gélida atmósfera la hacían sentirse pequeña y un poco perdida. Mientras observaba el majestuoso Kremlin, sintió una presencia a su lado. Era un joven de cabello rubio y ojos azules como el cielo invernal, vestido con un gorro de piel que cubría sus orejas. Le sonrió, una sonrisa cálida que pareció disipar un poco el frío. "¿Disfrutando de la vista o luchando contra el frío?", preguntó él en un ruso suave, con un ligero acento que Sofía reconoció como el de Moscú. Sofía, sorprendida por la amabilidad, respondió en un español entrecortado: "...